Además de la violencia física al que llegan las manifestaciones antisionistas, es muy reveladora su violencia verbal. Contra ningún otro país se reclama alguna vez la destrucción total, se justifica como método la violación y la tortura de niños, ni se ejerce una la intransigencia tan extrema que sólo ofrece a Israel la salida del suicidio colectivo. La justificación que se inventan los bárbaros es que Israel es culpable de diversos crímenes (genocidio, apartheid, etc.), todos ellos demostradamente falsos. Pero ellos siguen en la suya porque abrevan del dictamen de un escritor francés durante los días del Affaire Dreyfus. Maurice Barrès declaró sin parpadear: “Que Dreyfus es culpable, no lo deduzco de los hechos, sino de su raza”. Lo mismo sienten los anti-israelíes de hoy.
GUSTAVO PEREDNIK

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